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Notas: A History of the Bible: The Book and Its Faiths, de John Barton (2019)

Es el año 1900 a.C., eres el monstruo marino Têmtun. Un dios quiere matarte

Es el año 1400 a.C., eres el monstruo marino Lotan. Un dios quiere matarte

Es el año 600 a.C., eres el monstruo marino Leviatán. Un dios quiere matarte

Es el año 96 d.C., eres Leviatán 2: Electric Boogaloo. Un dios quiere matarte

El mundo antiguo parece estar lleno de monstruos marinos, ocasionalmente de naturaleza semidivina, que acaban siendo aplastados por algún dios. Los cuatro (¿tres?) que menciono pertenecen a las culturas antiguas del Oriente Medio, aunque probablemente no sean sino la misma bestia, transmitida durante un par de milenios a través de varias culturas en forma de imágenes, historias, cerámica y literatura. Un detalle curioso es que Leviatán, además de haber sido aniquilado por el dios judeocristiano, fue también creado por él como mascota:

¡Qué abundantes son tus obras, Señor! Con tu sabiduría las hiciste todas, la tierra está llena de tus criaturas. Aquí está el inmenso y ancho mar, allí un sinfín de animales marinos, seres pequeños y grandes; allí se deslizan los barcos y Leviatán, a quien formaste para jugar con él. Todos ellos te están esperando para tener la comida a su tiempo. Tú se la das y ellos la atrapan, abres tu mano, los sacias de bienes.

(Salmos, 104:24-28). No he estado leyendo sobre monstruos marinos bíblicos por casualidad, claro. He estado consultando partes de la Biblia durante el último mes porque también he estado leyendo otro libro: “A History of the Bible: The Book and Its Faiths”, de John Barton (Penguin, 613 páginas). Barton es un pensador con una mente excepcionalmente clara y una erudición casi sobrehumana. Capaz de reconciliar puntos de vista muy diferentes, hace gala de su experiencia como teólogo y crítico bíblico en este ensayo.

La Biblia, como documento, es algo increíblemente complejo. Aunque tendemos a considerarla un único libro, se trata en realidad de una pequeña biblioteca. Fue escrita a lo largo de un milenio, posiblemente más, por personas que hablaban arameo, hebreo y griego; por pastores, y por consejeros de figuras de la realeza. Con objetivos políticos claros, pero también con la aspiración de canalizar palabras inspiradas por una deidad. Traducida cientos de veces entre idiomas dispares, por personas con intereses muy particulares. Y dada su inmensa riqueza documental, analizar la relación entre la Biblia, la fé de sus lectores y la deriva histórica de las doctrinas que emanan de ella es increíblemente complicado. Barton lo hace con paciencia, explicando cada fragmento de contexto necesario.

Hay varias partes que me ha encantado leer. Si bien no es fácil aproximarse de forma sistemática a la Biblia, Barton empieza por analizar lo que los cristianos llaman —de forma una tanto peyorativa, si se piensa bien— el Antiguo Testamento. Es decir, la Biblia hebrea. Posteriormente pasa al Nuevo Testamento, el conjunto de libros no aceptados como Escritura por el pueblo hebreo pero sí por muchas denominaciones cristianas. Una vez se han asentado estas bases y un lenguaje claro, el libro se pone tremendamente interesante y examina acontecimientos tales como la Reforma Protestante o la traducción al inglés de la Biblia bajo el patrocinio del rey James I de Inglaterra. Estos acontecimientos históricos tan decisivos pivotaron, esencialmente, sobre la existencia y la interpretación de un libro que puede cogerse con una mano sin mucho esfuerzo; esto es algo que me parece absolutamente fascinante, y también un tanto aterrador, cuando lo pienso con detenimiento.

Podría hablar de varios puntos que me han interesado en más detalle, pero no me parece que sea lo adecuado. Sería muy difícil hablar con propiedad de temas que no conozco bien, y traicionaría la minuciosidad con la que el autor elabora sus argumentos. Sin embargo, sí querría recomendar este ensayo encarecidamente a cualquiera interesado en el tema. Es toda una aventura y se disfruta mucho, si a uno no le importa la sensación de n_adar sin ver el fondo_ por momentos.