Notas: «Perfect Days» (2023)
Perfect Days (2003, Japón). Dirigida por Wim Wenders.
He disfrutando, una vez más, de una de esas historias en las que no pasa nada. En realidad, y como suele ser el caso, suceden muchas cosas: todas ellas en el plano de lo cotidiano y contadas con el refinamiento de quien sabe relatar una historia.

Apenas conozco a Win Wenders, el director alemán a cargo de esta película. De Wenders solo podía decir que parece haber tenido una carrera larga e irregular, con pocos éxitos rotundos y muchos proyectos caídos en el olvido. Había visto dos documentales suyos, La sal de la tierra (2014), y Buena Vista Social Club (1999). Ambos me dejaron con la sensación haber visto algo profundamente bonito, pero también la impresión de que la belleza del objeto contemplado facilitaba enormemente la tarea del cineasta. Así, al leer la sinopsis de esta película pensé que sería una buena oportunidad para formarme una opinión más sólida sobre el director.
Perfect Days recoge fragmentos de varios días en la vida de Hirayama, empleado de The Tokyo Toilet, aficionado a la literatura y a la música. La historia está contada de manera lacónica, contemplativa, austera, sin alardes paisajísticos ni técnicos. El resultado es, sin embargo, bellísimo: me encontré varias veces pausando la película para contemplar alguna de las escenas, uno de esos momentos en los que no está pasando nada. Un hombre leyendo, un hombre bañándose. Una ensoñación. Una lavandería.

Siempre es difícil saber a quién felicitar por el resultado final del esfuerzo colaborativo que es un filme: si al elenco, al director, a los cinematógrafos, a las mil piezas móviles que conjuran lo que finalmente aparece en pantalla, o a todo el equipo. Me sucede justo eso con esta película. Hay algo conmovedor en la forma que tiene una historia tan sencilla de capturar los movimientos profundos del alma humana, las corrientes cenagosas y turbulentas que apenas manifestamos en momentos de vulnerabilidad.

El lenguaje visual de la película se centra en el concepto de las sombras. Las sombras nebulosas proyectadas por las ramas de los árboles. Las sombras nítidas arrojadas por los vástagos que crecen en pequeñas macetas bajo una luz fluorescente y rosa de invernadero. Las sombras confusas y ciegas que conjuramos en el sueño. Las sombras de un pasado que acechan ocasionalmente.

Todo esto no es más que una excusa para recomendar a quien esté leyendo esto que vea Perfect Days. Una película redonda y sencilla.