Notas: "Tiempo de errores", de Mohamed Chukri (1992)
Tiempo de errores, de Mohamed Chukri. (1992, 🇲🇦). Ed. Debate, 208 pp., trad. Karima Hajjaj y Malika Embarek.

Mohamed Chukri nació en el norte de África, cerca de Melilla, en lo que era entonces el protectorado español. Hijo de una madre rifeña, era el único de sus hermanos que hablaba el idioma bereber, además del dialecto marroquí del árabe. Vivió sumido en la extrema pobreza, hasta que con veinte años ingresó en prisión. Es ahí donde un preso le enseña a leer y escribir algunas palabras en árabe clásico. Hay que mencionar que el árabe es un idioma particular en tanto que algunos dialectos no son mutuamente inteligibles entre sí: un hablante marroquí puede entender a un hablante egipcio, pero normalmente, no sucede esto en el sentido opuesto. Existe el árabe clásico, una variedad culta del idioma que es empleada por los estudiosos del corán y de la literatura árabe. Así, que Chukri se introdujese en el estudio del árabe clásico fue un episodio de importancia fundamental en su vida.
Con poco más de veinte años y tratando de abrirse hueco en la esfera literaria árabe (que se gestaba en cafetines, bares y escuelas religiosas), Chukri presenció linchamientos, violaciones y toda suerte de abusos. La historia de la que Chukri nos hace partícipes comienza en este punto de su vida, tras salir de prisión con unas nociones para leer el idioma culto que le permitiría más tarde acceder a todo tipo de literatura. Su ingreso a una escuela primaria tras ser puesto en libertad coincidió con una época muy tumultuosa política, económica y socialmente. La independencia de Marruecos por parte de España y Francia sucedió, principalmente, a lo largo de la década de los años 50. Sin embargo, no terminó completamente hasta 1969 cuando España cedió Ifni (cerca de la isla de Lanzarote) que había sido establecida como provincia española.
La prosa del autor es lírica, bella, quizá excesivamente alegórica en ocasiones, y alterna apreciaciones muy hermosas con narraciones de los episodios violentos que le tocó vivir. La historia de Chukri es la historia de un país, y sobre todo la historia del lumpen y del desarraigo que genera la pobreza. Es una historia cruda, la de las prostitutas que llenan los días del autor en una época en la que los burdeles y la prostitución tienen estatus legal y forman parte de la vida cotidiana; la de los cambios sociales que vapulearon a los de abajo y simplemente rotaron a los de arriba. También es el relato de cómo el país vecino sufrió cambios paralelos a los que no sucederían en España hasta unos años después, con la muerte de Franco: la relajación de los códigos morales impuestos a las mujeres marroquís, la incorporación (por tímida que fuese) de la homosexualidad a la vida pública, etc.
Me sorprendió mucho es la presencia y la integración de españoles en toda la extensión de Marruecos en la época del protectorado, según lo describe el autor. Es cierto que se menciona la presencia de policías españoles, como era de esperar, pero también hay tenderas, camareros, amigas que quedan a tomar café. El autor tiene interacciones en español (idioma que domina y del que tradujo poesía al árabe) prácticamente a diario. Al principio del libro menciona que aprendió español “con nuestros vecinos andaluces y gitanos en Tánger”.
Leo que esta es la segunda parte de una trilogía, aunque funciona como libro independiente. La primera parte, El pan a secas, es el que lanzó al autor a la fama internacional. Me gustaría leerlas en algún momento, aunque quiero descansar antes: es una lectura intensa.