Notas: “Drive Your Plow over the Bones of the Dead”, de Olga Tokarczuk (2009)
Drive Your Plow over the Bones of the Dead, de Olga Tokarczuk (2009, 🇵🇱). Editado por Fitzcarraldo Editions, 270 páginas. Traducido del polaco al inglés por Antonia Lloyd-Jones.

En la frontera entre Polonia y la República Checa, en la cruda región de Silesia, Olga Tokarczuk nos invita a participar en un misterio. El vecino de Janina —la protagonista, que odia su nombre— aparece muerto una mañana helada. El libro, de inicio lento pero que pronto se torna interesante y cautivador, recuerda al caprichoso clima que ha de soportar Janina siendo una de las pocas habitantes permanentes de su aldea.
Janina nos narra lo que sucede y tenemos acceso a su particular mundo interior. Su voz narrativa, profundamente introspectiva y enigmática, está cargada de sustantivos en mayúsculas. Los Animales, el Horóscopo, el Ser. A mí me resulta tremendamente desconcertante la psique de Janina, como si sus engranajes internos fueran completamente diferentes a los míos y hablásemos idiomas diferentes, una brecha insalvable. Sin embargo, creo que es precisamente esta singularidad lo que dota a la historia de encanto.
Uno de los aspectos que más he disfrutado de la novela es el elenco, pequeño pero bien escogido, que acompaña a Janina en su proceso de descubrimiento. Dizzy, con quien comparte un proyecto para traducir los versos de William Blake al polaco, y el entomólogo Borys (o Boros, como ella lo llama) hacen de espejo para que Janina nos enseñe y ella misma explore diferentes facetas de su personalidad. Su vecino, Oddball (¿“Raruno”? Aún no se ha traducido al castellano, creo) también remueve el interior de Janina, que apenas le conoce pero lo considera una fuente de calma.
Algunas de las divagaciones de Janina podrían haber sido más breves. Quizá sea mi desconocimiento sobre los temas de los que habla; el horóscopo y sus particulares teorías personales, aunque interesantes, ocupan una parte importante de la novela y no termino de ver qué aportan, exactamente, más allá de presentarnos a una protagonista que nos deja claro desde el principio que es una persona particular. Intuyo que, en parte, se dibuja un cuadro muy particular. Janina cree en una especie de mecanicismo, una suerte de determinismo: conocidas las circunstancias iniciales de una persona, es posible hacerse una idea bastante adecuada de cómo afrontará lo que se le presente en la vida. No puedo hablar de cómo esta idea es relevante, pero sí que parece que es una de esas pistas que sólo se entienden al mirar hacia atrás.
Una novela con un aire noir en la que el misterio se entrelaza con un poderoso mensaje ecologista, uno de los pilares temáticos del libro. Quizá no recomendaría este libro a todo el mundo. Me ha gustado, y me ha entretenido, pero no me ha apasionado ni me parece un descubrimiento. Difícilmente puede descubrirse a la ganadora de un Nobel de literatura, así que sospecho que no es uno de sus trabajos más fuertes. Los libros de Jacob, ese mostrenco de más de mil páginas que se tradujo al castellano hace unos meses, sigue esperando en mi estantería. Quizá me tome un descanso antes de cogerlo: no sé cuánto congenio con la pluma de Tokarczuk.