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Notas: “I Who Have Never Known Men”, de Jacqueline Harpman (1995)

I Who Have Never Known Men, de Jacqueline Harpman (1995, 🇧🇪). Editado por Vintage, 188 páginas.

Un libro tan profundamente extraño que se hace difícil hacer una reseña. La premisa hace pensar que se trate de una novela distópica al uso, aunque nada más lejos de la realidad; la protagonista, que relata su vida en primera persona, es sólo referida por los demás personajes como “the Child”. Es la más joven del grupo de cuarenta mujeres que forman el elenco principal, cuarenta mujeres que viven forzosamente juntas en una pequeña prisión subterránea. No sabemos nada del mundo en el que nos encontramos, ni del evento catastrófico que desembocó en el orden de las cosas reflejado en esta autobiografía. Sólo sabemos que, entre estas cuarenta mujeres, la única que parece no tener memoria —la única que no ha conocido el mundo, ni a los hombres, ni las anteriores formas de vida— es la protagonista. Con una sencillez difícil de reproducir, Harpman nos pone en la piel de un ser humano en blanco, de una persona sin cultura, vacía, que ha de dotar de sentido su vida sin referencias ni fórmulas prefabricadas, sin filosofías ni teologías externas a su propia experiencia.

Una novela fantástica, pausada, visceral y tremendamente original que plantea una pregunta de dificilísima respuesta: ¿qué queda de una persona cuando es despojada de lo atávico? En definitiva, ¿qué es ser humano? En la austera y elegante prosa de Harpman resuenan ecos de El muro, otro libro que también quedó relegado a un inmerecido segundo plano hasta hace muy poco. Una obra pequeña y valiosa.