Notas: “Sea of Tranquility”, de Emily St. John Mandel (2022)
Sea of Tranquility, de Emily St. John Mandel (2022, 🇨🇦). Editado por Knopf, 272 páginas.

El mar de la Tranquilidad es, ciertamente, un lugar tranquilo. No ha pasado gran cosa desde hace varios millones de años, a excepción del alunizaje (en el año 1969) de la misión Apolo 11. Dentro de doscientos años no lo será: habrá toda una red de colonias terrestres, grandes ciudades cuya luz, atmósfera y clima dependerán de las cúpulas que las recubren. Pero hoy, claro, sigue siendo un lugar tan tranquilo como lo eran los mares de la costa de Canadá a principios del siglo pasado.
Es aquí donde empieza la novela. Edwin St. John St. Andrew, un joven inglés que acaba de enfrentarse a sus padres, es enviado por la fuerza a la costa este de Canadá. Recibirá pagos mensuales con la condición de que no vuelva nunca más a Inglaterra.
Unos cien años después, en marzo de 2020, una viuda tratará de buscar a una antigua amiga.
Cien años más tarde, una autora de éxito tendrá que acortar inesperadamente la promoción de su libro, una obra de ficción centrada en las pandemias.
Sea of Tranquility es una historia de viajes en el tiempo, de pandemias, de colonias espaciales y de vínculos familiares. Aunque juega con los recursos habituales del género, no se hace cansina ni llega a convertirse en una madeja imposible de seguir en ningún momento. Asimov decía que hace falta mucho arte para hacer algo que parezca desprovisto de arte, y sospecho que escribir una historia de viajes temporales requiere de un talento, una planificación y una paciencia mucho más allá de mis capacidades. La prosa de Mandel es directa y tiene un cierto aire folletinesco que no resta calidad: da la sensación de estar leyendo a autores consagrados de la ciencia ficción, como a Heinlein. Hay tres arcos argumentales que se desarrollan de forma casi paralela a lo largo de la novela, abarcando unos trescientos años, y tanto la historia pasada como la futura transportan a un lugar liminal, a una localización conocida pero deshabitada. La gélida costa de Canadá, casi vacía. La primera colonia lunar, con su cúpula rota y oscura y los alquileres por los suelos (¿quién no preferiría vivir en las colonias modernas y luminosas?).
La historia en sí no plantea nada muy novedoso, pero lo bueno de este tipo de literatura es que uno no tiene por qué leerla con pretensiones de intelectualidad. Es divertida e intrigante. Resuena la temática de la pandemia, y la implicación de que el futuro es una larga sucesión de enfermedades contagiosas que se extenderán como la pólvora en el suelo moribundo de la Tierra. No es el tema principal, pero está ahí y se hace inquietante encontrar menciones a cosas que aún no han pasado, pero que están a la vuelta de la esquina.
Un librito entretenido.